viernes, 16 de agosto de 2019

Tendencias evolutivas

Reiteradamente digo que la selección natural actúa de modo ciego, que carece de planes que van más lejos de la generación siguiente a aquella de la que estemos hablando. 


Decimos que siempre ha sido así, desterrando toda idea de lo que pudiésemos entender como un proyecto evolutivo. 

No obstante, el registro fósil nos permite ver cómo existieron tendencias evolutivas a lo largo del tiempo, como la formación de la pezuña de los caballos o nuestra misma verticalidad. ¿Existió en estos casos algún tipo de proyecto que convenía alcanzar? 

PROGRESO DE NUESTRA VERTICALIDAD
Y PERFIL DEL CRÁNEO

Verdaderamente estos casos, ciertos, parecen contradictorios con lo que digo y voy a intentar aclarar cómo no lo son. En primer lugar, estamos acostumbrados a hablar de genes solitarios cuya presencia o ausencia provocan en el individuo caracteres perfectamente detectables. Por ejemplo, el gen que regula la posibilidad de enrollar o no nuestra lengua. Todo depende de un gen con dos alelos, uno permite enrollarla y el otro, no. Diversos genes que determinan en plantas los colores de flores siguen esta misma pauta, en la que un alelo regula un color y su alelo, otro alternativo. 

Estos son los llamados genes “cualitativos”, cuyos efectos se definen por poseer o no una cualidad. Son sencillos de estudiar y se utilizan como ejemplos, pues son útiles para mostrar cómo los genes van pasando de una generación a la siguiente. Los caracteres estudiados por Mendel fueron de este tipo, lo cual no dejó de ser una suerte desde el punto de vista científico. La selección natural es muy drástica con ellos, haciendo que las poblaciones sean muy uniformes en los caracteres que determinan, a no ser que sean indiferentes para la selección, y les llamamos genes “neutros”. 

SUPUESTO ANTEPASADO
DEL TRIGO

Pero la mayoría de caracteres no son cualitativos, más bien son caracteres que se expresan por magnitudes y se califican por medias y varianzas. Son caracteres que aunque se refieren a un individuo, se estudian tomando como base a la población a la que pertenece. Color de piel, de cabello, de ojos, estatura, peso y muchos más se definen como caracteres de una población como el valor medio entre sus componentes y la varianza, que nos viene a indicar la variación de ese valor concreto entre los mismos componentes. 

En estos casos de caracteres, llamados “cualitativos”, son muchos los genes que intervienen para determinar cada carácter. Así, un individuo es alto porque muchos genes determinan su elevada estatura. Otro tanto ocurre con coloración, peso o número de flores. 

Como son muchos los genes responsables de cada carácter, diferentes combinaciones suyas pueden provocar los mismos fenotipos. 

Por otra parte, en períodos geológicos de ambientes constantes, la selección pudo haber sido muy uniforme a lo largo de mucho tiempo debido a esa constancia ambiental, de modo que durante un amplio número de generaciones pudo haber favorecido los mismos caracteres que, por tanto, fueron acentuando su manifestación fenotípica y hoy, cuando disponemos de registros fósiles adecuados, y establecer series con ellos, podemos ver como una tendencia evolutiva que no está reñida para nada con la ceguera de la selección ni su aleatoriedad, dos características que atribuimos a la actuación de dicha selección natural.

Fotos del fondo de Google

6 comentarios:

  1. Muy interesante, como es habitual.
    Abrazos
    Chiruca

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  2. Gracias, Chiruca, Eres una fiel seguidora. Besos

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  3. Muy interesante, como lo son sus artículos de divulgación. En estos tiempos de "vuelta al pasado" sus palabras iluminan

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  4. Gracias, carloslesta, por tu comentario, muy estimulante para mí.

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  5. Hacía tiempo que no te leía, ahora no tengo Google+ y el Facebook lo visito poco, pero por tus claras lecciones, merece la pena. "La aletoriedad no está reñida con la tendencia"👌

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  6. Gracias por tu lectura continuada. Creo que tenemos pendiente una clara definición de aleatoriedad, ¿no te parece, Marisa?

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