domingo, 9 de diciembre de 2018

Seis años, seis



Hace seis años que comencé con este blog. Celebro este aniversario publicando su entrada más leída.

EL MAESTRO MEDIEVAL BERNARDO DE CHARTRES 

Andaba yo por los treinta años de edad, cuando asistí a una conferencia de aquel Maestro que fue D. Álvaro d’Ors. Hablando de los estudios y los estudiosos, citó las características que Bernardo de Chartes, allá por el siglo XII, había atribuido a estas personas. Las retuve en la memoria, las apunté al salir de la sala, y las he mantenido cerca para reflexionar sobre ellas en más de una ocasión. 

Ahora quiero comentarlas aquí, pero creo que antes debo presentar al Maestro de Chartres. 

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El Maestro Bernardo ejerció su docencia en la Catedral de Chartes en los primeros años del siglo XII. Neoplatónico convencido, su fama de intelectual ha llegado hasta hoy. Se le atribuye una frase muy fructífera en el mundo del conocimiento. 

“Somos unos enanos encaramados en los hombros de unos gigantes. Así, vemos más lejos que ellos. Y no porque nuestra mirada sea más aguda o nuestra estatura más alta, sino porque ellos nos llevan encima y nos elevan sobre su altura gigantesca" 

Con esta frase, humilde en la concepción del propio valor, hacía un gran reconocimiento del saber a lo aportado por los clásicos. La frase tuvo mucha fortuna, incluso en siglos posteriores. 



Su discípulo John de Salisbury (S.XII), le atribuye la autoría del siguiente poema: 

Quae vero sint discendi claves senex Carnotensis paucis expressit: 
Mens humilis, studium quaerendi, vita quieta, 
scrutinium tacitum, paupertas, terra aliena. 
Haec reserare solent multis obscura legendo. 

(El viejo [Bernardo] de Chartres expresó en pocas palabras cuáles son las claves para aprender: 
Mente humilde, afán de buscar, vida tranquila, 
reflexión silenciosa, pobreza, tierra extranjera. 
Estas co sas y la lectura suelen aclarar cuestiones oscuras a muchos.) 

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Quiero comentar, aquí y ahora, esas cualidades que Bernardo de Chartres exigía en el siglo XII a quienes querían aprender y se adentraban en el mundo del conocimiento. 


Mens humilis. Mente humilde. 

No conozco a ningún amante del saber que sea soberbio en el tema del que sabe. Más bien los conozco humildes, con la humildad que confiere creer que cualquiera le puede aportar algún tipo de conocimiento. Por eso, el sabio pregunta a quien supone que le puede enseñar algo, independientemente de su rango. Muchas páginas de la historia del conocimiento nos describen cómo un sabio aprendió de un profano cosas que luego sirvieron para el avance de la ciencia. Siempre ha habido iletrados que enseñan a sabios, o sabios humildes que aprenden de iletrados. 


Studium quaerendi. Afán de buscar. 

Tampoco conozco a algún estudioso que se conforme con lo que sabe. Su afán de conocimiento es constante, con el saber como un fin en sí mismo. Para el amante del saber, nunca existe una meta ni un listón en el conocimiento. Pero el estudio es un acto positivo de voluntad. Se estudia porque se quiere hacerlo, a nadie se le puede obligar esta tarea, como hoy pretenden hacer muchos. 


Vita quieta. Vida tranquila. 

No sé cómo imaginar esta característica si no es contraria a la idea del Maestro itinerante o al alumno vagabundo. Lejos del bullicio de los caminos, a Roma o a Compostela, lejos de goliardos y juglares, el estudioso precisa del sosiego que confiere disponer de un lugar fijo donde desarrollar su trabajo. Porque conviene no olvidar que el estudio es un trabajo que precisa sosiego. No creo que el Maestro de Chartes tuviese nada en contra de los actuales planes de movilidad de los estudiantes (Becas Erasmus, Sócrates) o del profesorado. Hoy las cosas se hacen con mayores seguridades y pretendidos criterios de eficacia, pero siempre han habido trabajos de recogida de datos, trabajos de campo, y elaboración de los mismos que requieren del sosiego de los laboratorios. 


Scrutinium tacitum. Reflexión silenciosa. 

En español tenemos una palabra derivada de scrutinium, escrutinio, y la aplicamos al estudio riguroso y atento de algo en lo que no debe haber error (escrutinio de votos, por ejemplo). Estudio atento en silencio, introvertido es lo que requiere el Maestro Bernardo. Más tarde se comentará, se contrastará aquello a lo que se ha llegado, pero el ejercicio silencioso siempre es necesario, y clave, en el aprendizaje. 


Paupertas. Pobreza. 

El estudio nunca ha sido un camino ni para la riqueza ni menos hacia la opulencia. El sabio, tal vez por serlo, sabe vivir con lo poco y con dignidad, sin perseguir lujos. Tampoco la sociedad, tal vez por menospreciar el trabajo trabajo del estudioso, se preocupa mucho por sus emolumentos o sus niveles de vida. 


Terra aliena. Tierra extraña. 

Tal vez el más cruel, pues el sabio, por serlo, será considerado como alguien ajeno a la sociedad. Incomprendido desde el principio, siempre será tenido como alguien extraño. La sociedad tiene unos fines, los rendimientos y plusvalías. El mismo conocimiento es el fin de los desvelos del sabio, por eso es incomprendido y considerado como alguien que vive en otro mundo. 

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También de Bernardo de Chartres es esta sentencia: 

INIMICUS HOMINIS INSIPIENTIA EIVS. 
AMICUS HOMINIS SAPIENTIA. 

(El enemigo del hombre es la propia ignorancia. Su amigo, el saber.)