viernes, 7 de diciembre de 2018

Especies invasoras


En un ecosistema concreto, considero como invasora a cualquier especie de fuera de él que ha entrado de modo anormal, causando perjuicios a los seres autóctonos que lo habitan. Estos perjuicios pueden ser de salud, económicos o ecológicos de todo tipo. Más bien valdría decir que todos son ecológicos con diferentes repercusiones en la economía y, a veces, en nuestra salud.

Se me ocurren cuatro ejemplos de especies foráneas comunes en nuestro hábitat: la patata, el maíz, la camelia y la hortensia. ¿Las calificamos como especies invasoras? Evidentemente no, pues no nos perjudican y nos aportan  algunos beneficios, tanto nutritivos como económicos o relacionados con la belleza. Hay otra característica de estas especies que las salva del abominable adjetivo de invasoras y es que podemos incidir de modo voluntario en su reproducción. No se nos escapan de las manos en el momento de reproducirse, pues otra de las características de las especies invasoras es su alta capacidad de reproducción, casi rayando en descontrolada.

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ARENAS EN TALUDES DE PLAYA.


 La patata y el maíz requieren que se les plante. La camelia tiene un complejo sistema de multiplicación y las hortensias se reproducen fácilmente mediante esquejes. Los cuatro mecanismos nos necesitan y ahí es donde nos resulta posible controlar sus tamaños poblacionales.

Eso de la alta capacidad reproductora de las especies invasoras requiere sus matices. La especie invasora está fuera de su hábitat, en el que tiene especies limitantes que frenan su crecimiento. Esta era una de las premisas de Ch. Darwin cuando expuso su teoría de la selección natural. En cualquier especie, desde su nacimiento hasta que alcanza el estado reproductor, su alta tasa de nacimiento se va viendo mermada por una, también, alta mortalidad de las formas juveniles, de modo que sólo alcanzan el estado reproductor los individuos mejor adaptados a las condiciones ambientales del momento. Esa alta mortalidad de las formas anteriores a la edad adulta es obra de la que Darwin llamó selección natural y con mucha frecuencia es debida a sus predadores específicos, sus especies limitantes. Eso es lo que ocurre en el ecosistema original del que procede cada una de las especies invasoras, pero cuando están invadiendo ecosistemas que no son los suyos, faltan esas especies que limitarían su crecimiento y, por tanto, al no existir factores adversos en el ecosistema invadido, las especies se expanden de modo exponencial y decimos que invaden el territorio.

CORTADERIA. SE INTRODUJO PARA JARDINERIA
Y CORTALUCES EN AUTOVIAS.

En el capítulo IV, de su libro “El origen de las especies” (La selección natural, o la supervivencia de los más adaptados), Darwin hace referencia a las especies invasoras. La interpretación que he presentado sobre su éxito expansivo está sacado de este libro, pero hay algunas consideraciones que quiero comentar, pues todas ellas se refieren a los efectos ecológicos de las invasiones.

Quiero recordar que la primera edición del Origen de la especies es de 1859, hace casi 160 años. En él, Darwin nos habla de las especies invasoras y, por lo que dice, deja entrever que ha considerado su existencia y se ha preguntado por su éxito. Sus comentarios son acertados a día de hoy, pero quiero recalcar que ya entonces las especies invasoras constituían un problema digno de ser considerado. No es algo de estos tiempos.

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ESTACAS DE SUJECIÓN DE VIDES
No hay duda de que en la actualidad los problemas ecológicos son tenidos como problemas importantes por un gran porcentaje de la población, de modo que las agresiones al medio son tomadas como agresiones a algo propio. Quiero decir que los problemas relativos a las especies invasoras son percibidos por el gran público actual y tenidos en cuenta como algo grave, pero ya preocupaban en la época en que Darwin escribió su libro, aunque tal vez entonces sólo importasen a un reducido grupo de científicos. Hoy, sin embargo, todos consideramos estos fenómenos como agresiones al entorno y son tenidos como graves alteraciones ecológicas.

Tampoco vamos a imaginar un planeta , el nuestro, con una distribución de especies completamente estática. Todas ellas se han desplazado a lo largo de su historia, como nos muestran los registros fósiles relativos a animales y a vegetales. Pero hoy los cambios de hábitat por parte de las especies invasoras son mucho más rápidos y, también, podemos constatarlos de modo más factible gracias a la inmediatez con la que corren las noticias.

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PRESENTES EN EL EBRO COMO CONSECUENCIA DE UNA GAMBERRADA

No faltan voces de alarma ante estos hechos, que se pueden constatar documentalmente. ¿Es cuestión de alarmarse? Pues tal vez sí. La naturaleza siempre se ha modificado, pero lo ha hecho a velocidades lentas, nunca apreciadas por nosotros dada la cortedad de nuestras vidas. Lo podemos comprobar al estudiar la flora y la fauna de épocas pasadas mediante técnicas estratigráficas o con el registro fósil. ¿Dónde están los peligros? Creo que el desastre de la invasión comienza por ser un desastre ecológico. En la naturaleza, los ecosistemas están perfectamente estructurados, con sus pirámides tróficas bien definidas, donde cada especie limita a otras y se mantienen estables las proporciones relativas de unas con otras. Cuando una especie aparece de improviso, por cualquier causa, si en ese hábitat nuevo no tiene ninguna especie que la limite, crecerá de modo exponencial, luchando con especies residentes por obtener sus recursos, como es el espacio o  los alimentos. Si en ese hábitat que invade no hay especie que limite su crecimiento, seguirá creciendo generando daños en las especies autóctonas, que no tendrán modo de responder a esta agresión ecológica. En el ecosistema invadido, esto genera una presencia desmedida de la especie invasora con consecuencias posiblemente desastrosas.

La naturaleza tiene sus modos, y uno de ellos, muy importante, está constituido por las diferentes velocidades con las que se llevan a cabo lo procesos. Salirse de esas velocidades, creo yo, suele ser peligroso. Y esas alteraciones suelen tener su origen en actuaciones nuestras causadas por diversos motivos. Si se obedecen tales motivos, casi siempre de naturaleza económica, todo es más desastroso.