viernes, 30 de noviembre de 2018

Después del desastre

Tal vez nos cueste trabajo imaginar un territorio carente de seres vivos. Es posible que tal desastre ocurra después de un fenómeno que generó una total mortandad, como una inundación con su consiguiente arrastre de tierras. Imaginemos que ya ha ocurrido todo, el territorio cubierto de una costra seca y ramas arrastradas por las aguas enfurecidas. Total desolación. 



Pero, ¿carece de seres vivos este territorio? No, en ese lugar más o menos amplio hay muchos seres vivos y mucha potencialidad para recuperar la fauna y la flora iniciales, o de otro tipo. Siempre habrá capacidad para generar un nuevo conjunto de seres vivos. 

DESOLACIÓN

En ese lugar, mientras lo imaginamos, forzosamente ha de haber una buena cantidad y diversidad de microorganismos realizando su fundamental trabajo. Bacterias y hongos vivirán, descomponiéndola, sobre la materia orgánica propia de los seres muertos a causa del desastre anterior. Restos cadavéricos que aportarán su materia y la energía encerrada en sus moléculas para que estos seres microscópicos de ahora  puedan desarrollar su actividad biológica en este territorio supuestamente vacío. 

Por otra parte, muchas de las ramas arrastradas por las riadas, medio hundidas en lo que fue barro, actuarán como esquejes, enraizarán y darán lugar a árboles allí donde ahora todo parece despoblado. El mundo vegetal avanza en estas zonas sin detenerse. En los Capítulos XII y XIII del Origen de las especies, Darwin nos hace una minuciosa descripción de los múltiples mecanismos de dispersión con los que cuentan los diferentes organismos. Es asombrosa la descripción que nos hace de su análisis del barro pegado a una piedra y de las diversas semillas que en él encontró. No sólo comenta las muchas semillas presentes en el barro adosado a la piedra, que también, sino su diversidad. Debemos estar convencidos de que aún desconocemos muchos de los mecanismos de que disponen los seres vivos para conseguir su dispersión. Curiosamente, en estos terrenos en vía de regeneración de flora, no sabemos si ésta será similar a la anterior.

La acción de la selección natural suele estar minimizada, pues no hay lucha por el terreno y cualquier semilla que caiga en él, lo hará sobre el suelo. Aún no hay saturación de vegetación y habrá pocos predadores. Si no hay hierbas, tampoco habrá herbívoros. En estas circunstancias, pasajeras, la expectativa de vida de las semillas que llegan al lugar es elevada.

LAS HIERBAS REAPARECEN,
LOS ÁRBOLES SE MANTIENEN

Es posible que la selección natural comience a actuar con la aparición de los primeros herbívoros, caracoles, larvas de insectos y seres similares, pero las aves también andan por medio. Sabemos que las aves revolotean por los suelos picando en los sembrados, pero una vez superada esa mortalidad correspondiente a la fase de semillas, las plantas crecen, se expanden sin mayores límites que sus mismas formas de vida. 

Pero, eso sí, han de ser plantas con pocas raíces o que penetren poco en el suelo que, no lo olvidemos, está muy compactado por las lluvias y el barrizal subsiguiente. Raíces fasciculadas, se llaman. 

MANCHAS DE HIERBAS COLONIZADORAS

Más tarde, han de llegar animales que trabajen bien el terreno, como pueden ser lombrices. Comerán, removerán la tierra y la airearán mediante las múltiples galerías que formen. Esa es una importante labor, la de ventilar el terreno, permitiendo que el aire llegue hasta capas más profundas. 

Parece que me es posible predecir todo cuanto puede ocurrir, como un falsario echador de cartas, y nada más lejos de la verdad. Hago mío lo que he dicho en muchas ocasiones aquí mismo, que es mucho más lo que ignoro que lo que sé. Pero hay cosas que sí puedo aventurar, y es que al principio de la colonización la selección natural estará relajada y que las especies (o tipos de especies) irán apareciendo según puedan sobrevivir en estos terrenos. No tendría sentido la aparición de carnívoros si no hay posibles presas, por ejemplo. 

ESQUEMA DE LA ACCIÓN AIREADORA
DE LAS LOMBRICES

Hay algo que quiero dejar claro y es que las especies aparecen cuando pueden hacerlo, cuando disponen de recursos para vivir adecuadamente y reproducirse dando lugar a descendencia fértil. Es decir, cuando estén adaptadas a las nuevas condiciones. ¿Quién o qué les avisa de que ya pueden venir a este territorio? Nadie les avisa, los seres vivos somos así. Los mecanismos de dispersión de semillas las lleva a todas partes, también a los huevos. En los nuevos lugares a los que llegan, originan seres vivos que, si encuentran acomodo biológico, seguirán con sus vidas. Si no lo encuentran, morirán o marcharán a otras partes. 

En esto sí que animales y vegetales tienen estrategias diferentes. Los animales, a no ser los que viven sujetos al suelo, si no encuentran un ambiente propicio, se van. Las plantas tienen dos alternativas: o mueren o quedan, no pueden escapar. Recuerdo la tremenda impresión que me causó cuando, siendo yo un niño muy pequeño, ví la reacción de los habitantes de un bosque ante un incendio en la película Bambi. Aquella impresión propició mi actitud ante los seres vivos, sus diferentes modos de conducta y las ganas de conocerlos y estudiarlos. 

En este territorio devastado, la selección ha actuado contra los individuos menos resistentes a los fenómenos ocurridos. Se han favorecido caracteres que tal vez antes no lo fueron, desde un buen enraizamiento a una buena capacidad de vivir en ambientes inundados. 

Es posible que veamos todo igual cuando comprobemos lo que ocurra el año próximo, pero no debemos dudar que sí, que la selección ha actuado. Tal vez algunas especies hayan perdido variabilidad genética, pero han sobrevivido, que es lo importante y para eso disponían de esa variabilidad. Otra cosa es que, habiendo superado esta fase selectiva, mantengan su morfología tal como era antes. A veces las especies sobreviven incluso sacrificando su morfología anterior y generando nuevas formas y estructuras, pero la historia evolutiva del grupo sigue adelante. Si no es así, que nos lo digan los dinosaurios o las aves.

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