viernes, 19 de octubre de 2018

Banquete de piedra

En el arte gallego, conozco dos banquetes pétreos. Uno, el del comedor del Palacio de Gelmírez, en Santiago de Compostela. El otro, el que podemos disfrutar en el Monasterio de Sobrado dos Monxes. Ambos están esculpìdos en granito y en los dos se reconoce el espíritu popular, ese que es tan fecundo en Galicia cuando se vierte en las vías de la creación artística. 





El banquete del comedor del Palacio de Gelmírez, es de estilo románico del siglo XII, mientras que el de Sobrado fue esculpido seis siglos mas tarde y es del estilo que entonces se utilizaba en Galicia, el barroco. Pero ahora quiero comentar el del Monasterio de Sobrado. Está representado en la bóveda de medio cañón que cubre el pasillo que lleva desde la sacristía a la iglesia abacial. Unos diez metros de longitud. En la época en que se esculpió, cuando los monjes iban a celebrar misa, era norma que recitasen un salmo eucarístico compuesto por Sto. Tomás de Aquino, “O, Sacrum convivium” (Oh¡, sagrado banquete) en honor a aquello que celebrarían al poco tiempo. El comparar la misa con un banquete ha sido un tema recurrente: En su primera comunión, los niños recibían el pan de los ángeles y a cualquier edad los fieles se acercaban a la sagrada mesa. 

ENTRE MONJAS, LA VIRGEN TOMA
ASPECTO DE CAMPESINA

La iglesia abacial del Monasterio es del S.XVIII, la época de esplendor barroco en Galicia, cuando lo popular toma el protagonismo y lo rural llega al arte. Hay imágenes de la Virgen en Santiago que parece una moza recién llegada de las huertas del entorno con su niño en brazos. Y no digamos las frecuentes frutas de la comarca cayendo por torres y fachadas compostelanas. 

EN CALLES COMPOSTELANAS,
LA FRUTA SE DESPARRAMA
POR LAS FACHADAS

En Sobrado es bonito ver cómo se representa el banquete, no espiritual por cierto, en esa bóveda de la que hablo. La bóveda tiene disposición de tablero de damas y unos cuadros representan rosetones vegetales y, los otros, viandas preparadas en sus platos y dispuestas para su consumo. Éstas, las viandas, son vegetales o animales producidos por el agua o nacidos en ella. Vemos allí uvas, peras, manzanas, granadas, zanahorias, etc. 


EN LA BOVEDA DEL CORREDOR, VEMOS BERENJENAS, TRUCHAS,
MANZANAS, PERAS...

Entre los animales productos del agua, según la idea del monje escultor, vemos anguilas, truchas, salmón y un pato preparado para ser trinchado. 

EL PATO, SEGÚN LOS MONJES, OTRO
PRODUCTO ACUÁTICO

Tal vez alguno se preguntará que qué hace un pato en esta presentación, pero esto tiene una explicación muy coherente con el pensamiento de monjes entrados en fases decadentes en lo que se refiere a su vida de mortificación y que, por otra parte, desconocían el ciclo biológico del pato. 

Estos monjes sostenían la idea de que tales aves procedían de los nenúfares, de modo que esta falsa idea les permitía incluir su carne en las dietas de ayunos correspondientes a las épocas en las que solo era permitido comer productos de origen vegetal o nacido en el agua. 

Estos monjes de Sobrado debieron ser muy dados a este tipo de abstinencia peculiar, pues cerca del Monasterio existe un lago artificial, cuya construcción se les atribuye y que tenía una acequia que llegaba directamente a la cocina monacal. Por ella llegarían truchas, anguilas y patos, según la abundancia faunística de cada temporada. 

Para mí, esta bóveda es lo mejor del Monasterio, pues considero que la singularidad es un tanto muy importante a tener en cuenta al calificar obras de arte, y creo que el contenido de esta bóveda es único en el arte monacal de Galicia.

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