sábado, 14 de julio de 2018

Rompiendo la consanguinidad

Existe consanguinidad en una pareja cuando ambos miembros comparten algún ascendiente. Cuanto más próximo sea ese ascendiente, mayor es el grado de consanguinidad que comparten. En principio, no es mala. Pero si en esa familia existen alelos causantes de malformaciones, los dos miembros de la pareja pueden haber recibido ese alelo del ascendiente común, existiendo un alto riesgo de que tengan algún hijo con la tara determinada por dicho alelo. 


Hace tiempo visité un cementerio gallego, perteneciente a una parroquia alejada de núcleos de población. Las lápidas eran interesantes muestras de escultura popular y me entretuve en verlas. La lectura de los epitafios me sorprendió. Si suponemos que mmm es un apellido y rrr otro, los apellidos de los allí enterrados eran mmm rrr o bien rrr mmm, aunque también estaban los rrr rrr y los mmm mmm. Es decir, todos estaban emparentados de modo más o menos próximo.

TAL VEZ AQUI HAYA MUCHO PARENTESCO

Se rompe la consanguinidad cuando, habiéndola, se forman parejas entre personas no emparentadas. Entre los humanos, existen instintos que llevan a la ruptura de la consanguinidad, y voy a comentarlos. Pero, antes, quiero indicar que dichos instintos se han manifestado siempre y en todas las culturas de las que tenemos datos. 

En tribus humanas africanas existen mecanismos sociales que favorecen esta ruptura y así, en algunas, los muchachos procedentes de otras tribus que se integran en alguna debido a que se van a emparejar con alguna chica perteneciente a esta segunda, ven rebajados sus deberes laborales en esa comunidad que lo recibe. Este premio social se extiende a lo largo de todo un ciclo anual. Las tribus que siguen esta costumbre, desconocen el beneficio genético que representa la inmigración del muchacho. Pero el beneficio a largo plazo, siempre de índole biológica, es más importante que el que se pueda producir a corto plazo, sumando el esfuerzo de un hombre más a los trabajos tribales de la comunidad.
ROMPIENDO CONSANGUINIDAD

Hay datos procedentes del siglo XIX y principios del XX, que nos hablan de poblaciones humanas con graves defectos hereditarios debidos a consanguinidad generada en poblaciones pequeñas residentes en lugares de difícil acceso. En esos lugares, con inviernos largos y duros, las parejas consanguíneas se formaron del modo más natural. Por ejemplo, en montañas de Galicia, León o Cantabria o en las Hurdes. Pero también ocurrió algo similar en Noruega, en pueblos situados en vertientes de fiordos de difícil acceso y en algunos lugares de Norteamérica. Todas esas taras genéticas desaparecieron mediante causas curiosas nunca encaminadas a conseguir ese efecto. Por ejemplo, en Norteamérica desaparecieron cuando se popularizó el uso de la bicicleta y la gente joven iba de un pueblo para otro a conocer a otros jóvenes de su edad, costumbre que arraigó entre ellos, pues les gustaba conocer personas de otros lugares. Con estos paseos se generaron noviazgos que terminaron en bodas, rompiendo la costumbre de los matrimonios consanguíneos y saneando, por tanto, las poblaciones. 

En Noruega se construyeron embalses hidroeléctricos inundando diversas aldeas. Los habitantes de esos núcleos fueron reunidos en nuevos grupos de población más grandes, mezclándose entre ellos los habitantes procedentes de cada localidad inicial. En estos nuevos pueblos, los matrimonios se realizaron entre jóvenes de diferente procedencia, que no tenían vínculo alguno de parentesco, eliminando la consanguinidad en una sola generación. En nuestro país pudieron ocurrir casos similares.
DISCOTECA Y SU APARCAMIENTO

Los jóvenes, ellos y ellas, cuando se trasladan a otras localidades, suelen tener mayor atractivo para establecer parejas con personas pertenecientes a las poblaciones receptoras. También en núcleos de estudios, cursos de verano o campamentos por ejemplo, donde suelen coincidir jóvenes de diversa procedencia, es normal que se establezcan relaciones entre personas de orígenes geográficos dispares. Son pautas reiteradas que contribuyen a la pérdida de consanguinidad en poblaciones. Todos tenemos en nuestras mentes las imágenes de enormes discotecas actuales situadas en zonas rurales, alejadas de las poblaciones, pero situadas entre varias, más o menos equidistantes. Los jóvenes procedentes de esas localidades constituyen su principal clientela. Entre ellos, el conocer a “gente nueva” es un gran aliciente para acudir a dichos establecimientos. Está claro que al hablar de gente nueva, se refieren a chicos o chicas de otras localidades que, por tanto, representan la posibilidad del rompimiento de la consanguinidad que pudiese existir en sus respectivos lugares de origen. Pensemos en un autocar con una excursión de estudiantes. Si aparca en medio de una plaza, antes que bajen quienes llegan, ya hay personas del sexo opuesto paseando por las cercanías del autocar, como quien no quiere la cosa. En estos días veraniegos, con motivo de fiestas populares, en muchos lugares se celebran verbenas y encuentros en los que, de modo mas o menos subliminal, anda el aliciente de conocer "gente nueva". 

LUGAR DE ENCUENTROS

Es curioso. Hasta donde yo sé, y aunque no existen muchos datos, parece (digo “parece”, ¿eh?) que en una población animal cualquiera, los machos inmigrantes tienen mayor éxito sexual que los machos residentes. Esos machos inmigrantes traen genes ajenos a la población receptora y, por tanto, aportan novedades biológicas. Cuantas más hembras fecunden, más presentes estarán esos genes inmigrantes en la siguiente generación, a la vez que se habrá roto la consanguinidad en esos casos. Habrá una saludable mezcla de genes. 

Pero no pensemos que esto que comento, tanto en humanos como en otros animales, son actuaciones premeditadas. Son comportamientos que se realizan de modo inconsciente, yo diría que instintivo, sin saber su significado biológico, y que tienen un saludable efecto en las poblaciones. Me gusta observar algunos comportamientos humanos, que consideramos muy elaborados, pero que tienen un fuerte componente biológico.

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