viernes, 27 de julio de 2018

Hablemos de ciencia


Mediado el siglo XX, un preclaro hombre de ciencia cuyo nombre no recuerdo, dijo que ya estaba todo descubierto. Según él, sólo quedaba aplicar los conocimientos adquiridos a los diferentes dominios del conocimiento. También hubo quien dijo en la misma época que en el siglo XX aún no se había descubierto nada y todo el progreso realizado era consecuencia de desarrollar lo descubierto en el siglo anterior.

Prefiero no comentar ambos dichos, aunque sí traerlos aquí como exponente de un posible desconcierto intelectual, pues quiero creer que ambos representan un sentir de mucha gente. Me gustaría saber más de su mentalidad y de lo que esperan de la ciencia. Tal vez de este modo pudiese interpretar de manera correcta esos comentarios, desafortunados según mi modo de entender la ciencia.


Para muchos, la ciencia es la verdad y, por eso, algo que se supone demostrado científicamente es algo fuera de duda y de discusión. Vaya contrariedad, pues para mí, ni una cosa ni otra. Claro que debo explicarme y lo voy a hacer ahora mismo. Al menos, voy a intentarlo.

Para mi forma de ver, la ciencia no busca la verdad. Representa más bien un amplio cuerpo de conocimientos, contrastados según nuestra posibilidades de cada momento, con el fin de interpretar el entorno en el que vivimos y profundizar en esa interpretación. Para esa actividad se ayuda de los recursos intelectuales disponibles en cada momento. Es lógico suponer que al ir aumentando dichos recursos, también las explicaciones se van afinando, pero nunca estarán completas del todo. Ciertamente sabemos muy poco y es mucho más lo que nos queda por saber.


Por otra parte, la historia de la ciencia es una gran desconocida, aunque en estos últimos tiempos aparecen con mayor frecuencia libros sobre este tema así como sobre pensamiento científico. Es cierto que los de pensamiento están menos presentes en los catálogos, tal vez por pensar los editores que es un tema carente de interés para el gran público. Puede ser cierto, pero también es verdad que cada vez son más aquellos que quieren profundizar en las preguntas de siempre, en los temas de siempre, los que en cada época tuvieron su explicación adecuada a su tiempo y que aún hoy no disponen de explicación definitiva.

La historia de una ciencia, como puede ser la biología, puede muy bien ser considerada como la historia de sus conceptos, y éstos nunca están totalmente definidos, siempre quedará mucho por decir. Por eso, la historia de una ciencia siempre estará inacabada. Pero también por eso, cada vez resulta más necesario que los nuevos científicos conozcan las coordenadas conceptuales entre las que se van a mover, los éxitos y las carencias de su propia área de investigación. De este modo se sentirán metidos en una corriente de sabios que, desde Aristóteles hasta hoy, quieren encontrar respuestas actualizadas a las preguntas de siempre.


Preguntas, respuestas, las sempiternas herramientas conceptuales de la ciencia. Las preguntas de siempre, las respuestas dadas cada vez por hombres de su tiempo quienes, para darlas, hacen uso de los soportes disponibles en cada ocasión. Las preguntas son las mismas, las respuestas cada vez pretenden ser más ajustadas, para algo aprovecha la suma de conocimientos que se va logrando.

Hoy son muchos los estudiosos del entorno desde diversos puntos de vista. Es tremenda la acumulación de conocimientos. Tal vez hoy haya más científicos que la totalidad de los que hubo desde el principio de los tiempos hasta hoy, y siempre con el mismo afán, el de interpretar el entorno dentro de las limitaciones en las que nos movemos.


Que nadie piense que el avance de una ciencia se asemeja a subir una escalera, un proceso en el que cada peldaño subido queda totalmente superado. La duda también es una poderosa herramienta científica. Por eso, cuando aparece una nueva técnica de estudio, se aplica los conocimientos previos por ver si esta novedad en el análisis reafirma lo supuesto anteriormente, con métodos ya superados, o lo rechaza. Si lo reafirma, la ciencia avanza tal vez con mayor firmeza. Pero, ya digo, también puede rechazarlo y en tal caso el avance científico también se va consolidando al erradicar conocimientos que, ahora se sabe, eran fallidos.

Por todo esto, hablar de verdad en ciencia me resulta algo fuera de contexto. A veces, diferentes hipótesis explicativas sobre un mismo hecho, suelen tener cada una su parte de razón. La luz surge cuando se funden varias teorías previamente encontradas porque, a veces en ciencia, las hipótesis no suelen ser por completo acertadas o desacertadas sino que cada una de las varias en litigio suele tener su parte de razón. De su síntesis suele salir una luz que ilumine diversos procesos o situaciones.

Las explicaciones válidas en la actualidad, pronto estarán obsoletas. Dependerá de la velocidad con la que avance la ciencia. En muchas áreas de conocimiento, los libros de ciencia pueden estar anticuados en algunos capítulos punteros justo al salir de las editoriales. Tienen la ventaja de ser compendios de conocimiento, eso sí y escritos por especialistas de cada tema.

Ante temas en constante revisión y crecimiento, es lógico que nadie quiera hablar de la verdad en la ciencia porque, por otra parte, la ciencia no busca la verdad, simplemente pretende explicar el entorno y profundizar en un conocimiento que reconocemos limitado.

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